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Chi Chi Chi Le Le Le…..la música en la dictadura chilena.

Autora: María Alejandra Arias Hernández.

Samba landó, samba landó

¿Qué tienes tú que no tenga yo?

La gente dice qué pena

Que tenga la piel oscura

Como si fuera basura

Que se arroja al pavimento

No saben del descontento

Entre mi raza madura

En esta primera entrega nos trasladaremos a Chile, país testigo del movimiento musical llamado La Nueva Canción Chilena durante la década de los 70. Uno de los más reconocidos representantes de este movimiento fue Víctor Jara (que a su vez hizo parte fundamental en conjunto con Violeta Parra de la llamada canción comprometida)[1]. Sus canciones acompañaron la llegada al poder de Salvador Allende (1973) y lograron instaurar una conciencia de clase e ideología entre los menos privilegiados y a su vez promovió la eliminación de las justificaciones discursivas a favor de la religiosidad, ya que consideraba que ello implantaba una pasividad alienante en la clase trabajadora chilena (Vilches 2004, 202-203).

Luego del golpe militar liderado por Augusto Pinochet, Víctor Jara fue perseguido y todo aquel que se atreviera a entonar sus canciones iba a ser duramente castigado por el nuevo régimen militar. Durante el primer mes de la dictadura militar fue arrestado, torturado y asesinado en el Estadio Chile, recientemente rebautizado Estadio Víctor Jara[2]. Pero sus mensajes respecto al poder político y movilizador de la música no acabaron con su partida. Por ejemplo, el reconocido grupo de rock Los Prisioneros continuó, desde finales de la década de los 70 y pese a la censura de la dictadura militar, con el objetivo de promover la memoria colectiva de los chilenos y fomentar cambios desde el fortalecimiento del compromiso político de la juventud chilena y su poder movilizador frente a la coyuntura de ese momento en Chile (Vilches 2004).

Las transformaciones sociales que sufrió Chile desde la década de los 70 hasta la década de los 90 no sólo fueron narradas por Victor Jara, Los Prisioneros o Violeta Parra, los grupos musicales Inti Illimani y Quilapayún, desde el exilio causado por la persecución del régimen militar, en 1973 lograron dar a conocer en el ámbito internacional el descontento social chileno y las problemáticas de violaciones de Derechos Humanos Lograron plasmar en una canción un clamor colectivo que ha acompañado en América Latina las consignas más fuertes y comunes en las movilizaciones sociales: El Pueblo Unido, Jamás Será Vencido[3]:


El pueblo unido jamás será vencido...

De pie, cantar Que vamos a triunfar. Avanzan ya Banderas de unidad.

Y tú vendrás Marchando junto a mí Y así verás Tu canto y tu bandera florecer.

La luz De un rojo amanecer Anuncia ya La vida que vendrá.

De pie, luchar El pueblo va a triunfar. Será mejor

La vida que vendrá A conquistar Nuestra felicidad Y en un clamor

Mil voces de combate se alzarán, Dirán Canción de libertad, Con decisión La patria vencerá.

Y ahora el pueblo Que se alza en la lucha Con voz de gigante Gritando: ¡adelante!

El pueblo unido, jamás será vencido, El pueblo unido jamás será vencido...

La patria está Forjando la unidad. De norte a sur Se movilizará Desde el salar Ardiente y mineral Al bosque austral Unidos en la lucha y el trabajo Irán, La patria cubrirán.

Su paso ya Anuncia el porvenir.

De pie, cantar El pueblo va a triunfar. Millones ya, Imponen la verdad, De acero son Ardiente batallón, Sus manos van Llevando la justicia y la razón.

Mujer, Con fuego y con valor, Ya estás aquí Junto al trabajador.

Y ahora el pueblo Que se alza en la lucha Con voz de gigante Gritando: ¡adelante!

El pueblo unido, jamás será vencido


Más de 40 años han pasado y esas palabras no pierden vigencia. Por el contrario, recientemente en América Latina han sido recordadas y nuevamente han acompañado luchas sociales desde la música, recordando que la música alegra, acompaña, y a pesar de que puede en ocasiones entristecer, no abandona.

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[1] Desde un punto de vista musical, este movimiento intentó revindicar las canciones folklóricas chilenas y latinoamericanas. Desde un punto de vista político, se pretendió encarnar y representar a los sectores populares, promoviendo su participación durante la campaña presidencial de 1970, y luego al interior del gobierno de Salvador Allende (1970-1973) (Aedo 2017). [2] Si deseas conocer un poco más sobre esta historia, en Netflix se encuentra disponible el documental “masacre en el estadio: la historia de Víctor Jara”. [3] Algunas fuentes aseguran que se inspiraron en las palabras del Jorge Eliécer Gaitán pronunciadas en un discurso en la década de 1940. .

Citas Bibliográficas


Aedo, Javier Rodriguez. «El folklore como agente político: la Nueva Canción Chilena y la diplomacia musical (1970-1973).» Mundos Nuevos. 6 de Junio de 2017. https://journals.openedition.org/nuevomundo/70611?lang=en (último acceso: 18 de Junio de 2020).


Vilches, Patricia. «De Violeta Parra a Víctor Jara y Los Prisioneros: Recuperación de la memoria colectiva e identidad cultural a través de la música comprometida.» Latin American Music Review/ Revista de Música Latinoamericana, 2004: 195-215.

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