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Es nuestra narración la que nos define como mujeres


Por: Maria Camila Leal Palacios


Alguna vez nos hemos preguntado ¿Qué es ser mujer? Yo soy una mujer, que, con sinceridad, muy pocas veces se ha hecho esta pregunta. ¿La razón? Puede ser tan simple como compleja, pareciera ser que desde el momento en que nací ya había voces que me definían y significaban como mujer. A partir de allí, solo me encontraba con discursos y pautas de cómo comportarme, vestirme, sentir y pensar. Es a partir de estas mismas incógnitas que varias investigaciones se han adelantado. Entre estas, Orozco y Rodríguez (2015) ofrecen una aproximación a la pluralidad de significados del ser mujer en Colombia, recogiendo voces de mujeres lideresas del país. Siendo ellas unas de las muchas mujeres en el mundo que, por su única y particular experiencia de vida, nos han demostrado que se puede ser madre, abuela, hija, líder comunitaria, luchadora por los derechos y múltiples cosas más. Lo anterior nos enseña que nunca es tarde para pensarnos y escucharnos a nosotras mismas. Las lideresas a las que nos acercan Orozco y Rodríguez (2015) se convierten en mujeres que desdibujan la línea que separa lo privado de lo público y nos demuestran que lo personal es político.


Nos encontramos inmersos en una sociedad con mandatos que delimitan el accionar de la mujer, recluyéndola en su mayoría en lo privado. Esta construcción se ha ido instaurando históricamente, silenciado otras feminidades, aún en la actualidad, y se refuerzan por la herencia de los discursos occidentales, capitalistas y eclesiásticos, que marcan de alguna manera la continuidad de los cuerpos (Orozco y Rodríguez, 2015). Esto genera que el ser mujer se desconozca como un discurso en construcción y que la diversidad y pluralidad que existe al nombrarse desde allí se reduzca a meras etiquetas estereotipadas, muchas de ellas deshumanizantes y que fomentan la violencia, quitando el poder de enunciación, decisión y acción de las mujeres (Orozco y Rodríguez, 2015).



Sin embargo, muy a pesar del panorama social en el que están inscritos los cuerpos, existen posibilidades de resignificarse, renombrarse y re-existir. Ser conscientes del poder que tiene reconocernos, nombrarnos y pensarnos a nosotras mismas, abre un amplio espectro para significarse, brindado infinitas y diversas formas de ser narradas, de accionar y construir desde los lugares donde nosotras nos queremos enunciar (Orozco y Rodríguez, 2015). Ahora, quizá nos preguntamos ¿Cómo significarnos a nosotras mismas? Uno de los primeros pasos, radica en silenciar por un momento las voces externas que nos han definido y empezar a darle lugar a nuestra propia voz. Cuando nos escuchemos, es muy probable que nos demos cuenta de que hay lugares que queremos ocupar fuera de lo privado y que tenemos derechos y poder de decisión.


En congruencia, nos significamos como mujeres por los lugares desde donde nos reconocemos, el contexto que nos rodea, las experiencias vividas, la raza, la etnia, entre muchas otras cosas que nos interseccionan y nos configuran como personas. Esta pluri-diversidad de significados pone en evidencia un vacío cultural y estructural de las formas en las que se conciben y atienden las necesidades de las mujeres. Ejemplo de esto es que no todas las políticas públicas que cobijan a la mujer atienden a las necesidades de todas, precisamente porque no somos un concepto único y universal. Reconocerlo, nos da más razones para reclamar, para juntarnos y exigir una reestructuración de los lugares que como mujeres ocupamos en la sociedad.


María Camila Leal Palacios

 

Referencias


Orozco, V., Rodríguez, J., y colaboradores. (2015). La bomarea. Revista sobre la pluralidad de significados de ser mujer en Colombia. Ed. Memoria en Llamas. Bogotá, Colombia.

de Smith, Y. D. (2008). El sujeto: los espacios públicos y privados desde el género. Revista estudios culturales, (2), 113-126. Recuperado de https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=3987106


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