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Salud mental al alcance de la sociedad

Autora: Laura Juliana Colmenares Villamizar.


Usualmente conocemos estrategias para prevenir enfermedades como el VIH o la diabetes; conocemos signos de alarma ante el cáncer, enfermedades vasculares, problemas respiratorios o lesiones musculares, pero ¿qué tanto sabemos de estrategias para cuidar nuestra salud mental? Aunque hoy es posible hablar, informarse o cuestionarse qué es la salud mental, cómo es atendida o estigmatizada, aún se observa un desconocimiento o confusión alrededor del tema. Esta situación no es reciente, por el contrario, en muchos países la salud mental ha sido relegada en la agenda nacional, en algunos idiomas no existen palabras que describan el término “depresión” y en ciertas culturas los trastornos mentales continúan percibiéndose como una maldición, karma u obra de algún espíritu (Jorm, 2012; Lee et al., 2010; Collier et al., 2012).


Actualmente hay relativo consenso en concebir la salud mental desde una perspectiva más positiva, por lo que no se hace énfasis en el trastorno –“lo negativo”- sino que es definida como un estado de bienestar en el que la persona está en capacidad de afrontar los desafíos presentes y tener un adecuado desempeño. Esta definición da margen a que contextualmente se pueda analizar qué resulta o no funcional, es decir, pone en discusión que una respuesta, comportamiento o acción humana no es anormal de por sí, sino debe ser evaluada en una situación particular. Esta perspectiva más positiva de la salud mental implica que, más allá de abordar la enfermedad mental o el trastorno, es importante reconocer los recursos y fortalezas con los que cuentan las personas para afrontar los desafíos y estresores presentes en su vida (Jorm, 2012; Buitrago-Duque et al., 2020; Casañas et al., 2020).


En esta línea, es prioritario favorecer el óptimo desarrollo y bienestar de las personas a nivel general, no solo aquellas que cuenten con un diagnóstico de enfermedad mental. Así, se puede impactar positivamente en la incidencia, prevalencia y recurrencia de las afectaciones mentales en la sociedad. En este sentido, es clave la formulación de estrategias de promoción de la salud y prevención de enfermedades mentales. Las estrategias de promoción de la salud mental buscan potenciar los recursos y competencias de las personas para consolidar herramientas que favorezcan el bienestar de las personas, mientras que las acciones encaminadas a la prevención buscan impactar factores de riesgo que podrían desarrollar o agravar las enfermedades mentales (Casañas et al., 2020).


Dentro de las estrategias de prevención se encuentran aquellas destinadas a trabajar por la alfabetización en salud mental, es decir, promover el conocimiento de la población sobre temas relacionados con la salud y enfermedad mental con el fin de promover su reconocimiento, manejo o prevención, así como la acción en pro del bienestar propio o de otros (Jorm, 2012). Algunos de los aspectos sobre los cuales es posible alfabetizar a la población son temas como el reconocimiento emocional y del sufrimiento, opciones para buscar ayuda y cuándo hacerlo, habilidades sociales, conductas saludables y de riesgo, importancia de las redes de apoyo, estrategias de autocuidado, habilidades en primeros auxilios psicológicos o la desestigmatización de la enfermedad mental y el apoyo profesional (Casañas et al., 2020; Jorm, 2012).


Este tipo de conocimientos facilita en las personas el reconocimiento temprano de afectaciones en la salud mental y la búsqueda de ayuda a tiempo, lo cual, a su vez, incide en un mejor pronóstico en el tratamiento brindado por profesionales en salud mental. En clave de prevención resulta fundamental además desarrollar propuestas con niños, niñas, adolescentes y sus familias. Muchos casos de afectación en la salud mental se desarrollan en la infancia y adolescencia; no obstante, debido a que algunos de ellos no son tratados a tiempo terminan evolucionando y agravando el impacto que tienen en el desarrollo las personas en la etapa adulta (Jorm, 2012).


La salud mental no es un tema privado o ajeno a nuestra vida en sociedad. Si bien los profesionales cuentan con conocimientos y competencias específicas en el tema, todos podemos ayudar a prevenir las enfermedades mentales: cuidar nuestras relaciones interpersonales, mantener hábitos de sueño, realizar actividades que nos resulten agradables, evitar el consumo de sustancias psicoactivas, revisar las estrategias de crianza o consolidar redes de apoyo son solo algunas de las estrategias que nos pueden beneficiar. Es necesario continuar trabajando por la desestigmatización de la salud mental. Si bien las acciones a nivel micro son claves, es necesario complementar estos esfuerzos con la formulación e implementación de políticas públicas que garanticen un buen servicio a los ciudadanos, oportuna atención, tratamientos efectivos, contextualizados y seguimientos a los casos. Aunque a veces pareciera que en Colombia esto se olvidara, la salud mental es un derecho, no un privilegio. Ante un sistema de salud limitado, la prevención es una alternativa que no podemos infravalorar.




Referencias

Buitrago-Duque, D., Bedoya-Gallego, D., y Vanegas-Arbeláez, A. (2020). Formación en salud mental en psicología, trabajo social, medicina, enfermería y terapia ocupacional en Colombia. Hacia La Promoción de La Salud, 25(2), 54–69.


Casañas, R., Mas-Expósito, L., Teixidó, M., y Lalucat-Jo, L. (2020). Programas de alfabetización para la promoción de la salud mental en el ámbito escolar. Informe SESPAS 2020. Gaceta Sanitaria.


Collier, A. F., Munger, M., y Moua, Y. K. (2012). Hmong mental health needs assessment: A community-based partnership in a small midwestern community. American Journal of Community Psychology, 49, 73-86.


Jorm, A. (2012). Mental Health Literacy: Empowering the Community to Take Action for Better Mental Health. American Psychologist, 3, 231-243.

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