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Tejer comunidad: más allá de una metáfora.


Etimológicamente las palabras tejer y tejido vienen del latín texere que hace referencia a la acción de entrelazar, agrupar y unir. Esta práctica ancestral consiste en entrecruzar puntadas a partir de un movimiento preciso y constante en el que se busca llegar a un objetivo particular. Para la mayoría de culturas, tejer implica un proceso de creación, es un acto ritual en el que se conecta con el sentido y el origen de la vida (Mastropasqua, 2020). Cada pieza tejida suele estar permeada por una identidad cultural comunitaria en la que se busca preservar y representar historias y cosmovisiones (Matat, 2019).


Tejer implica un proceso creativo, de dedicación y sintonía con el acto de anudar. Cada tejido es único, existen variedades infinitas de colores, hilos, materiales, estilos y millones de combinaciones posibles. Así mismo, dependiendo de la utilidad que se le quiera dar puede ser delicado o fuerte, pero sin importar su funcionalidad, las puntadas que se entrelazan forman redes resistentes. El proceso de tejer requiere de profunda paciencia y concentración, es una práctica que lleva tiempo ya que cada puntada debe ser localizada con precisión. Cada uno de los nudos de manera individual se vuelve valioso y necesario para constituir la inmensidad del producto final.

Esta actividad puede realizarse de manera solitaria o en compañía. En ocasiones está cargada de introspección y silencio, y en otras está ligada a la palabra y el compartir (Rangel, 2016). Tejer, como se mencionó anteriormente, es una forma de representar y plasmar historias, el tejido materializa las experiencias, narraciones, memorias, pensamientos e incluso los sentires de quien posa sus manos en este arte. Es una herramienta de expresión que se convierte en un elemento comunicativo de la realidad de la persona que teje (Nates, 2017).


¿Y esto qué tiene que ver con las comunidades o con la realidad social? Toda esta introducción frente al término tejer está encaminada a comprender que, a pesar de ser utilizada comúnmente en sentido figurado para abordar el concepto del tejido social, se omite por completo su origen o se considera obvio su sentido, por lo que no llegamos a ahondar realmente que implica el utilizar esta metáfora. La anterior definición no está desligada, en lo absoluto, de este concepto social que escuchamos por doquier.


El tejido social hace referencia a las relaciones humanas que se articulan, se unen y transforman realidades desde la búsqueda del bienestar común. Es un universo de sentidos compartidos en el que se organiza, se entrelaza, se moviliza y se invita a la construcción conjunta (Gonzales, 2019).

Ninguna persona se constituye a sí misma de manera individual, existe una necesidad imperiosa de entrelazarse con otros, y al hacerse parte de este entramado, se comprende que incluso a partir de la diversidad y la diferencia, podemos encontrar puntos en común y construir junto a otros. La comunidad es el resultado de las interacciones que se tejen a partir del estar, convivir y compartir. Este no es un proceso perfecto ni lineal. En las comunidades se encuentran tensiones, desafíos y retos que son los que llevan a las personas a pensarse como una unidad en la que resulta necesario construir de manera conjunta y complementaria.


Al estar inmersos en un espacio comunitario se transita de un lugar individual a la búsqueda de un bienestar y consciencia de un “nosotros” desde un sentido de corresponsabilidad. Tejer una identidad colectiva es compartir y caminar con otros, es conectar desde los deseos, pensamientos, retos, luchas y acciones que permitan la valoración de todos los sujetos. Al posicionarnos desde la diversidad y comprender que cada uno desde su propia subjetividad puede generar vínculos sociales en los que se reconoce al otro, se generan caminos esperanzadores en el que se pueden observar infinidad de posibilidades, de formas de ser y de habitar el territorio juntos y juntas (Gonzalez, 2019).



Cuando comprendemos que tejer comunidad, al igual que tejer de forma literal, implica la unión de puntadas de forma paciente, armónica y estructurada, nos percatamos que cada pequeña unión es valiosa en sí misma. Es decir, en un entramado social los individuos no son solo un agregado, sino que por el contrario son el sustento más importante. Cada persona aporta desde lo que es, desde donde puede y con lo que tiene, y resulta importante reconocer y valorar cada esfuerzo en la “puntada” que realiza cada uno. De esta manera podremos entender que cada pequeño nudo es necesario y está constituyendo la inmensidad de una red resistente y que puede dar origen a múltiples transformaciones. Así mismo, debemos comprender que no hay tejidos perfectos, en ocasiones resulta necesario desanudar puntadas o parar para pensar cómo se debe continuar y de esta manera lograr nuevos nudos más precisos. Y así funciona también nuestro tejido, es un proceso que lleva tiempo, que es cambiante y el cual podemos pensar y repensar para estructurarlo de una manera adecuada. Es decir que podemos deshacer y volver a construir, podemos soltar o apretar e incluso podemos cambiar el rumbo, pero todo bajo las necesidades y los objetivos de la comunidad.


Es importante darnos un poco de tiempo para ser conscientes de cuáles son nuestros hilos, qué tipos de lazos hemos entrecruzado, con que patrones nos hemos identificado, qué tipo de herramientas hemos utilizado y de esta manera comprender cómo es nuestra manera de tejernos con otros. Además, resulta valioso cuestionarnos frente a la fuerza y la fragilidad de nuestro tejido y de esta forma brindar el cuidado necesario e imprimir nuestros esfuerzos para que esta red siga resistiendo. En estos tiempos resulta una necesidad seguir construyendo redes para ser sostén y permitirnos ser sostenidos por otros.



Claudia Jimena Triviño



Referencias:

Gonzalez, C. (2019). Tejiendo comunidad: una propuesta educativa alternativa para la formación de nuevos mundos. Universidad de Antioquia.

Mastropasqua, P. (2020). TEJIDO Y SENTIDO - UNA METÁFORA DE LA VIDA. Historia de la indumentaria y los textiles. Instituto superior de formación técnica.

Matat. 2019. El acto de tejer simboliza el nacimiento y la vida, abrir y cerrar el telar, los latidos del corazón, y el esfuerzo de la tejedora, el parto que origina la vida. Red binacional de mujeres

Mendoza, G. (s.f). La configuración del tejido social. Centro de investigación y acción social. Ciudad de México.

Nates, M. (2017). Narrar con hilos: La memoria y la narrativa como herramientas de sanación a través del tejido. Trabajo de grado para optar por el título de comunicación social. Pontificia Universidad Javeriana.

Rangel, M. (2016). El tejido: el papel de las prácticas artísticas en la construcción de memoria histórica. El caso de las víctimas de Sonsón. Universidad Colegio Mayor nuestra señora del Rosario. Facultad de ciencia política y gobierno.



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